Philippe Suchard

Boudry (Suiza) 1797 - 1884
Con apenas doce años, Philippe Suchard tuvo claro que su futuro iba a estar ligado al chocolate. Esta fijación la tuvo tras quedarse impresionado de las posibilidades de ganancias que ofrecía la industria chocolatera cuando se fue a Neuchâtel a comprar chocolate a su madre enferma, ya que en aquella época se le atribuía a este producto un efecto medicinal. Por entonces, una ración de 500 gramos costaba tanto como un obrero solía cobrar por tres días de trabajo. Seis años más tarde empezó a trabajar de aprendiz en la chocolatería de su hermano mayor, que ya era un chocolatero renombrado de Berna.

Tras ocho años de duro trabajo, empleó sus ahorros para viajar a América y conocer mucho mejor el producto. A su regreso, estableció una modesta fábrica de chocolates en Serrières. Al principio, Suchard no tuvo mucho éxito. Pero todo cambió en 1826 cuando inventó una batidora para la mezcla del azúcar con el cacao en polvo. La máquina consistía en una vajilla de granita calentada y pequeñas ruedas de granito que se movían hacia adelante y hacia atrás. Este procedimiento básico todavía se usa hoy en día en la fabricación de chocolate.

El invento marcó un antes y un después en la empresa de Suchard, ya que sus chocolates comenzaron a ser muy afamados y la demanda se incrementó considerablemente. A mediados del siglo XIX consiguió éxitos no sólo en Suiza, sino también en el extranjero. El chocolate de Suchard fue premiado con medallas de oro en la Gran Exhibición de Londres de 1851 y en la Exhibición Universal de París de cuatro años después. En 1880 Suchard se convirtió en el primer empresario suizo que estableció una fábrica de chocolate en el extranjero, concretamente en Lörrach (Alemania).

Para entonces, la empresa Suchard fabricaba la mitad de la producción chocolatera de Suiza. Philippe Suchard no se limitó a mejorar la confección del chocolate. En 1834 trajo el primer barco de vapor al Lago de Neuchâtel. Y al año siguiente otro barco de vapor al Lago de Thun, con los que dinamizó y mejoró las comunicaciones entre las regiones del país.

Tenía también intereses comerciales en áreas tan diversas como la seda, el asfalto o la pasta para elaborar macarrones. Suchard tuvo tiempo de ver, antes de morir, como su negocio se convertía en una multinacional, aunque no pudo ver como el grupo empresarial fundado por él creaba productos de éxito aún hoy como los chocolates Milka o los caramelos Sugus.

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