Jack Tramiel.

Lodz (Polonia) 1928
Siendo taxista abrió una tienda de reparación de material de oficina que posteriormente derivó en una multinacional de material informático.
Fundador de la emblemática marca informática Commodore, tuvo una infancia y una juventud dura marcada por el holocausto judío. Nacido en Polonia, después de la invasión nazi en 1939, su familia fue llevada al gueto judío en Lodz, donde él trabajó en una fábrica de pantalones. Cuando los guetos fueron liquidados, su familia fue llevada al campo de concentración de Auschwitz y él terminó en el campo de trabajo de Ahlem, del que fue rescatado en abril de 1945.

Dos años más tarde Tramiel emigró a los Estados Unidos y se alistó en el ejército, donde aprendió a reparar el equipo de oficina, incluyendo las máquinas de escribir. Fue así como en 1953, mientras trabajaba de taxista, compró una tienda en el Bronx en la que reparaba maquinaria de oficina y a la que llamó Commodore Portable Typewriter.

Tramiel comenzó importando máquinas de escribir de Europa, hasta que en 1955 las restricciones a la importación le llevaron a crear la división Commodore Business Machines en Toronto. Durante los años sesenta, los japoneses comenzaron a producir máquinas de escribir a muy bajo coste y Commodore no podía competir con ellos, asi que Tramiel se adentró en la fabricación de un nuevo tipo de calculadora de bolsillo, hasta que los japoneses invadieron también ese mercado.

Un viaje a Japón a mediados de los años 60 permitió a Tramiel regresar a Estados Unidos con muchas ideas en la cabeza para aplicarlas a su negocio. En 1970, comenzó a trabajar en calculadoras electrónicas. Y a mediados de esa época Commodore se había convertido en una de las mayores proveedoras de este tipo de máquinas. Pero el salto definitivo de la compañía llegó con la compra de MOS Technology.

Fue uno de los ingenieros de esta compañía el que convenció a Tramiel de que las calculadoras eran un producto acabado y que el futuro estaba en los ordenadores. De este modo comenzó la fabricación de ordenadores por parte de Commodore, que le otorgaron un gran éxito con productos como el Commodore 64 del que vendió 22 millones de unidades.

Su éxito radicó en una locura comercial de Tramiel que rebajó el precio del producto de 600 a 199 dólares, lo que disparó las ventas, al tiempo que llevó a la compañía a la bancarrota. Posteriormente, Tramiel salió del accionariado de Commodore y compró Atari en un intento de reflotar la compañía redireccionando su producción de los videojuegos hacia los ordenadores personales, pero se topó con una fuerte competencia encabezada, curiosamente, por Commodore.

Tras ello, a finales de los ochenta, se alejó totalmente del mundo de los negocios y se dedicó a vivir del importante patrimonio conseguido durante su época de esplendor empresarial.

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