Giengen (Alemania) 1847 – 1909
Pese a llevar postrada en una silla de ruedas desde que tenía un año y medio de edad por culpa de una poliomielitis, consiguió convertirse en una empresaria de éxito.
Desde su nacimiento, esta empresaria con tesón pareció predestinada a dedicarse al mundo textil, ya que la localidad en la que vio la luz todos sus habitantes vivían del comercio textil y terminó especializandose en la producción de fieltro. Todo ello a pesar de sufrir un duro revés en su infancia que pudo truncar su carrera empresarial. Cuando Margaret tenía año y medio se vio afectada por la poliomielitis que la dejo sentada en silla de ruedas para el resto de su vida. Su afición por la costura y el deseo de no ser una carga para su familia la llevó a hacerse fabricar una máquina de coser para poder adaptarla a su silla de ruedas. Le hizo cambiar el mecanismo de lado para poder utilizar la rueda con la mano en la que tenía más fuerza. Su sensibilidad por el diseño y su imaginación la llevaron a inventarse un elefante de fieltro rosa que utilizaba ella misma como cojín.Cuantos lo vieron quedaron encantados y los encargos le empezaron a llover, tantos fueron que tuvo que buscar ayuda para poder satisfacer los pedidos. Ya en aquella época vendía más de cinco mil unidades anuales. Tenía una gran voluntad y espíritu de superación y eso la llevó a superar todos los obstáculos que encontró para poder fundar su empresa. Dado que en aquella época no estaba bien visto que una mujer fuese empresaria. Pasado un tiempo, rediseñó un oso con la cabeza y las extremidades articuladas y con la piel fabricada con felpa de mohair, su instinto le decía que aquel oso marcaría un antes y un después en la empresa familiar. Era un animal de peluche a quien los niños podrían abrazar y sentirse correspondidos. Con este ejemplar acudió a la Feria de Leipzig de 1903. Allí presentó su moderno osito articulado que pasó desapercibido hasta el último día en que se acercó a su stand un representante de Borgfeldt, el importador de juguetes más importante de Nueva York, lamentándose que no había encontrado nada interesante. Cuando vio el oso de peluche, el representante quedó tan entusiasmado que le compró los 3.000 ejemplares producidos. El Oso llevaba el nombre de Friend Petzy. Cuado el comprador llegó a Estados Unidos de América el éxito fue extraordinario. Desde ese año la producción de ositos de la empresa Steiff fue creciendo a un ritmo tan exitoso que en el año 1907 llegó a vender un millón de osos. Un paso más en la historia de calidad de esta marca juguetera fue introducir sonidos dentro de sus peluches. Desde entonces hasta hoy la firma ha adquirido prestigio como marca de calidad y muchos de sus osos se han convertido en objetos de deseo para los coleccionistas.
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