Las grandes multinacionales generan empleo y riqueza allá donde se instalan, pero la competencia para que un lugar concreto se convierta en sede de un centro de servicios de estas compañías es grande. España tiene sus pros y sus contras. India, China y Malasia están considerados paraísos del ‘offshoring’.
Mano de obra cualificada; entorno empresarial favorable (fiscalidad atractiva, cero cargas burocráticas extras, facilidad en la contratación); buenas infraestructuras; capacidad lingüística del personal…todos estos son factores que favorecen que las grandes multinacionales posen su dedo en un lugar del mundo e instalen allí un centro de servicios, que les solucione la atención al cliente, que es lo clásico, u otros más avanzados, como consultoría de ingenería, gestión administrativa… es lo que se conoce técnicamente como offshoring y como resulta obvio, algo así se traduce en generación de empleo y riqueza para la región.
¿Es España un país atractivo para atraer estos proyectos? Si no nos espabilamos, cada vez menos. Los resultados del último barómetro de AT Kearney (que desde hace cinco años examina a los 50 países principales de este sector) arrojan que hemos descendido dos puestos en el ranking respecto a 2007, del 43 al 45. Malas noticias, no hay que olvidar que seguimos en la zona de peligro de la curva de esta crisis.
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